La materia se compone por átomos. Los mismos
tienen un núcleo de protones (que tienen carga positiva) y
neutrones (carga neutra). En la periferia del átomo, se
encuentran los electrones (carga negativa) describiendo
órbitas
alrededor del núcleo.
Los electrones de las órbitas más
alejadas
(electrones libres) pueden abandonar el átomo y agregarse a
otro
cercano. El átomo que tiene un electrón menos
queda
cargado positivamente, mientras el átomo que ganó
un
electrón tiene carga negativa.
Por ejemplo cuando se frotan dos materiales distintos como
plástico y vidrio ocurre eso con muchos de sus
átomos,
liberan y aceptan electrones, por lo tanto uno de los materiales queda
cargado positivamente (sus átomos liberaron electrones) y el
otro negativamente (con más electrones).
La carga eléctrica se mide en Coulomb. Un Coulomb es una
unidad
de carga grande por lo que es común usar
submúltiplos
como el micro Coulomb (1 μC = 1 10 -6
C). La ley de
conservación de cargas dice que dado un sistema aislado no
hay
cargas que se creen ni se destruyan, sino que la carga se conserva.
La carga eléctrica de un material siempre es
múltiplo de
la carga eléctrica de un electrón. El signo de la
carga
eléctrica indica si se trata de carga negativa o positiva.